Tras los catorce días que llevo encerrado me doy cuenta de que me queda poco tiempo en vida. En este lugar no hay nada más que hacer, espero que un barco llegue pronto, de lo contrario, ésta será mi tumba y mis cadenas, que ya son ciertamente. El hambre y el cansancio me han tratado como si fuese un juguete, como los pobres niños que inocentemente juegan y rompen en lágrimas cuando son fracturados, y eso es lo que siento. Los niños que quedan perplejos cuando el barco navega por los aires y vuela por ese mar tan bello y blanco que llaman nimbos.
Tendré que esperar para la llegada del barco, mientras tanto, la mar solloza tranquila y de sus ojos brotan mis esperanzas. Cada día que pasa veo más difícil mi propia supervivencia, en ocasiones veo un gran galeón de madera surcando los mares embravecidos, pero me froto los ojos y desaparece junto a ese mar tan brusco que en algún lugar existió. Caerá la noche y puede que este sea mi último día en este lugar tan entrañable y horrendo, así que tendré que esperar la llegada del barco en otra vida, pero seguiré esperándolo allí. Siento como me pesa el tiempo, que hace su labor. Pero no puedo culpar a nadie, sólo busco un barco que por el horizonte se asome y me lleve consigo. Hoy como en días anteriores, en las palmeras de la justicia no quedan ni dátiles ni cocos para comer. En la selva, los otros animales que piensan solamente en su barriga, me arrebatan los alimentos y con sus desmesuradas fuerzas me obligan a huir a la costa donde siempre estarán los ojos de la mar.
se me han agotado las energías de escribir, así pues, finalizo la historia, mi historia, mi vida...
Fantástico. Sigue escribiendo. Puede ser la base para una novela, aunque como cuento es perfecto.
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