Tenía el payaso del circo Mambini una gran nariz, tanto, que hasta los espectadores podían oler el hedor que salía de sus fosas nasales. Este payaso era especialmente apestoso, cada vez que abría la boca, desprendía un olorcillo a putrefacción. Pero no todo iba a ser malo en este payaso, pues todas las moscas conocían el olor del circo. Este circo era brutalmente famoso a causa de las actuaciones de sus payasos, que más de una vez dejaron atónitos al presidente, y no lo digo por el olorcillo sino por la fabulosa actuación especial Mambini. Sin embargo esta función era poco usual, pues para realizarla era necesario que el payaso de nariz gorda tuviese diarrea y ganas de cagar.
También es sabido del payaso, sus hazañas en los mares del sur, era todo un aventurero. Recuerdo el día en que me contó cómo logró salvar las vidas de un grupo de indígenas gracias a una montaña de pura mierda, ese fue su mayor logro. Desde entonces se ha creído que el gran mojón contiene un poder gravitacional, pues siempre que se pasa cerca de él, uno se siente atraído. Al final se hizo tan famoso y lo hicieron patrimonio de la humanidad.
A pesar de todo esto, el público amaba verdaderamente a este payaso, y lo hacía en parte porque les hacía gracia esas cejas al estilo Marx, y no me refiero a Karl Marx, sino a Groucho Marx. El payaso era un hombre con cierta riqueza cinematográfica. Sabía desenvolverse aunque le preguntasen por David Lynch. Recuerdo que él siempre decía que su película favorita era "Una noche en la ópera" de los hermanos Marx. El payaso idolatraba de manera salvaje al señor Groucho. Lo admiraba tanto tanto, que decidió implantarse pelo de ceja para así lucir un "look" como el de su ídolo, a pesar de que era algo que no terminaba de encajar con su nariz.
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