sábado, 28 de enero de 2012

Diálogos del pasado

Caminante.- Todavía recuerdo los días cuando iba a tomar unas pintas con Ford y Fuglus. Eran unos días de paz total en los que nos dedicábamos a hablar y a beber en mi tierra natal.

Ford.- ¿Cayo qué? ¿Cómo andamios?

Caminante.- Pues no muy bien, Ya no queda cerveza en mi jarra.

Ford.- Pero no paza na de na por etse problemote (con furia) ¿o qué? ¿o qué paza aquí?

Caminante.- Tranquilo amigo, no sucede nada malo.

Ford.- Illo, m'an disho k'an zacao un nuevo juego, el julajó, amo a sharno p'alla pa una partiita wena ¿no                     cayo?¿e o no?

Caminante.- pues realmente no me apetece.

Ford.-(con desprecio) po me piro a echar unas partiitas,(con alegría) ale, ¡Hasta logines!

Caminante.- Eran tiempos felices,donde no había preocupaciones, ahora, cuando voy a la taberna del barrio, sólo hay cloggnots y refrescos de tabitar. Conocí estos alimentos en uno de los viajes a la tierra donde vive Fuglus. Esa tierra es...Brillante, además de ser una estrella. Ford y Fuglus eran muy amigos, y es allí donde conocí a Ford.
¡Ah hola Fuglus! ¿Como estás?

Fuglus.- (Con cierta cortesía hasta el final de la obra) Muy bien, muy bien, me alegro que lo preguntes.

Caminante- El traje que me prestaste funciona de maravilla, ya no tengo problemas con las altas temperaturas.

Fuglus.- Me alegro también por ello.

Caminante.- Y dime, ¿quién te acompaña en la penumbra?

Ford.- (Con entusiasmo)¿Cayo qué?

Caminante.-(Con cierta perplejidad) Muy buenas señor...

Ford.- Ford, Ford es la palabra (mirando al cielo)

Fuglus.- Pues bien, te presento a Ford, es supercolega mío

Ford.- Hola cayo, pa quale ze quiera nos echamos unas birras.

Caminante.-(Con cierta perplejidad)...Bien.

Funglus.- Bueno, excúseme, mas he de comprar Tabitar para alimentarnos

Caminante.- Suena bien.
(salen de escena Ford y Fuglus)
Y así es como conocí a un extraño ser en su propia tierra...(interrumpe Ford)

Ford.- ¡Pero diles el resto Cayo! Cómo nuestra gente acabó con el imperio de Payoíl. Diles cómo pasó de ser mariposa a capullo, cómo se rompió el capullo y fue un mísero gusano, ahora huevo posado sobre la rama más alta que es la (interrupción de Caminante)
Caminante.- Vale, basta.

Hubo un caminante

El caminante ha desaparecido,
no sé por qué ha sido,
lo que sé es que se ha ido.

Quizás fue la llamada urgente
que el otro día recibió
como si fuese algo urgente.

Y es que el caminante no paró de andar,
se le perdió el rastro en la galaxia de Orión
tras haber recorrido sobre trescientas galaxias.

El caminante desapareció,
ya se qué pasó,
y se que nunca volverá.

Hubo una vez un hombre que caminaba,
y llegó mas allá de las estrellas.
Si mi memoria no falla el caminante descansó una vez,
Funglus el Grande lo consiguió,
No recuerdo más.

Homenaje a Albert Plá

Quién hubiera sabido que ahora, que tendría que vivir en la basura, si es que nadie se ha atrevido nunca a darme  un poco de cariño. Pero..¿Qué culpa, qué mal he cometido yo, que sólo me he dedicado a cantar mi rutina? . A veces sueño que soy pura fragancia perfumada primaveral, y en este sueño doy la mano a mi reflejo y éste se empieza a desvanecer. En fin, tal vez fue una horrible pesadilla.

martes, 17 de enero de 2012

El payaso del circo Mambini

Tenía el payaso del circo Mambini una gran nariz, tanto, que hasta los espectadores podían oler el hedor que salía de sus fosas nasales. Este payaso era especialmente apestoso, cada vez que abría la boca, desprendía un olorcillo a putrefacción. Pero no todo iba a ser malo en este payaso, pues todas las moscas conocían el olor del circo. Este circo era brutalmente famoso a causa de las actuaciones de sus payasos, que más de una vez dejaron atónitos al presidente, y no lo digo por el olorcillo sino por la fabulosa actuación especial Mambini. Sin embargo esta función era poco usual, pues para realizarla era necesario que el payaso de nariz gorda tuviese diarrea y ganas de cagar.

También es sabido del payaso, sus hazañas en los mares del sur, era todo un aventurero. Recuerdo el día en que me contó cómo logró salvar las vidas de un grupo de indígenas gracias a una montaña de pura mierda, ese fue su mayor logro. Desde entonces se ha creído que el gran mojón contiene un poder gravitacional, pues siempre que se pasa cerca de él, uno se siente atraído. Al final se hizo tan famoso y lo hicieron patrimonio de la humanidad.

A pesar de todo esto, el público amaba verdaderamente a este payaso, y lo hacía en parte porque les hacía gracia esas cejas al estilo Marx, y no me refiero a Karl Marx, sino a Groucho Marx. El payaso era un hombre con cierta riqueza cinematográfica. Sabía desenvolverse aunque le preguntasen por David Lynch. Recuerdo que él siempre decía que su película favorita era "Una noche en la ópera" de los hermanos Marx. El payaso idolatraba de manera salvaje al señor Groucho. Lo admiraba tanto tanto, que decidió implantarse pelo de ceja para así lucir un "look" como el de su ídolo, a pesar de que era algo que no terminaba de encajar con su nariz.

sábado, 14 de enero de 2012

Esperanza

Tras los catorce días que llevo encerrado me doy cuenta de que me queda poco tiempo en vida. En este lugar no hay nada más que hacer, espero que un barco llegue pronto, de lo contrario, ésta será mi tumba y mis cadenas, que ya son ciertamente. El hambre y el cansancio me han tratado como si  fuese un juguete,  como los pobres niños que inocentemente juegan y rompen en lágrimas cuando son fracturados, y eso es lo que siento. Los niños que quedan perplejos cuando el barco navega por los aires y vuela por ese mar tan bello y blanco que llaman nimbos.

Tendré que esperar para la llegada del barco, mientras tanto, la mar solloza tranquila y de sus ojos brotan mis esperanzas. Cada día que pasa veo más difícil mi propia supervivencia, en ocasiones veo un gran galeón de madera surcando los mares embravecidos, pero me froto los ojos y desaparece junto a ese mar tan brusco que en algún lugar existió. Caerá la noche y puede que este sea mi último día en este lugar tan entrañable y horrendo, así que tendré que esperar la llegada del barco en otra vida, pero seguiré esperándolo allí. Siento como me pesa el tiempo, que hace su labor. Pero no puedo culpar a nadie, sólo busco un barco que por el horizonte se asome y me lleve consigo. Hoy como en días anteriores, en las palmeras de la justicia no quedan ni dátiles ni cocos para comer. En la selva, los otros animales que piensan solamente en su barriga, me arrebatan  los alimentos y con sus desmesuradas fuerzas me obligan a huir a la costa donde siempre estarán los ojos de la mar.


se me han agotado las energías de escribir, así pues, finalizo la historia, mi historia, mi vida...