Yo soy Miguel Ángel, un tipo que fue admirado y admirador de un misma persona, y he aquí la cómo ocurrió.
Una de mis jornadas laborales en Barcelona daba su fin. Y como era de normal en mí, partí hacia Sevilla un siete de noviembre. Pero esta vez no iba a ser normal, no, pues tras comer, me dirigí en mi taxi incluyendo una paraita pa repotsá gasofa(5000 pelas) hacia el aeropuerto.
Una vez allí, nada más entrar por la puerta, escucho que la puerta de embarque para ir a Londres está en última llamada, contuve mis tentaciones alocadas y me dirigí a facturar mis maletitas, una que era regalo de mi “mare” con la frase “hijo, eres demasiao perro pa trabajá” de donde saqué la idea de un disquito de los buenos, y otra maleta donde llevaba el urtimo recopilata de Er zevilla.
Cuando entregué aquellas dos preciosas maletas, me dispuse a entrar en la zona libre de impuestos a tomarme una buena birra. Pasaron cuarenta y seis minutos hasta que abrieron la puerta de embarque, la puerta número 38 C. Pues hacia allá me dirigí, y de repente dos chavales se cruzaron ante mí a preguntarme:
-Disculpe, ¿Tiene hora?
-Las… cuatro pa y pico, si usted me entiende.
-Oh mire, yo fui al festival de rock’n roll que se ve en su camiseta, un segundo… ¡Es usted!, por favor, una fotaca.
Depsués de unas fotacas y un autógrafo, me fui hacia la puerta de embarque( efectivamente, la número 38), y casualidad, que esos dos chavales también iban hacia Sevilla. Mantuvimos la conversación más gratificante de aquel siete de noviembre.
Tras el vuelo me pidieron otra vez unos autógrafos, esta vez en los libros. Nuevamente conversamos, pero esta vez no acabo bien pues al final tuve que doblarle la cara a uno de esos tíos. Y salí cagando leches de allí.
Al cabo de unos días llegó la noticia a mis oídos, aquel tío que le partí la cara había muerto desangrado. Y fue por mi culpa mas el tío me admiraba tanto que no quiso demandarme. Me sentía fatal pero no podía hacer nada, él había muerto. A veces pensé en suicidarme, había quitado la vida a un señor que le quedaban muchísimos años por vivir, pero ahora él está muerto. Tenía tanto remordimiento que no me despejaba la mente ni los periódicos ni el internet. Las noticias no eran la mejor opción en este momento.
Cuando...:
-¡Hostia, una antena!
Realmente me asustó esa odiosa cucaracha ¡Ahh!, con el pánico y la repugnancia que yo les tenía a estos horrendos insectos...
Sin embargo, cuando me dí cuenta, esa cucaracha se parecía a aquel chavalote que le rajé con una mijilla de cuchillito.
De hecho, a aquel bichito tan odiado por mí no lo maté sino que me dio por acariciarlo, y eso fue lo primero pues me remordía tanto la idea que aún pasados tres meses. Ahora me veía obligado a pasar el tiempo con su posible reencarnación. Pero algo normalito, sacarlo a pasear, ir al campo, etc...
-Pero, a fin de cuentas es un horrendo insecto, un bicharraco, no puedo seguir así, debo cambiar, debo...debo ¡matarlo!, sí, creo que será la mejor opción.
Así fue por más que me entristeciese debía hacerlo. Y así lo hice, de un buen pisotón una gran cruz se desvanecía.
Pero ahora lo he matado dos veces...dios, ¡Semos unos monstruos!, ¿ahora qué?¿Homiga?, no, lo mejor sería humano, pero la forma de hacerlo me desagrada bastante, pero no hay otra solución, así que adelante.
Y de un bocado hacia el estómago fue la cucaracha.
Depsués de unas fotacas y un autógrafo, me fui hacia la puerta de embarque( efectivamente, la número 38), y casualidad, que esos dos chavales también iban hacia Sevilla. Mantuvimos la conversación más gratificante de aquel siete de noviembre.
Tras el vuelo me pidieron otra vez unos autógrafos, esta vez en los libros. Nuevamente conversamos, pero esta vez no acabo bien pues al final tuve que doblarle la cara a uno de esos tíos. Y salí cagando leches de allí.
Al cabo de unos días llegó la noticia a mis oídos, aquel tío que le partí la cara había muerto desangrado. Y fue por mi culpa mas el tío me admiraba tanto que no quiso demandarme. Me sentía fatal pero no podía hacer nada, él había muerto. A veces pensé en suicidarme, había quitado la vida a un señor que le quedaban muchísimos años por vivir, pero ahora él está muerto. Tenía tanto remordimiento que no me despejaba la mente ni los periódicos ni el internet. Las noticias no eran la mejor opción en este momento.
Cuando...:
-¡Hostia, una antena!
Realmente me asustó esa odiosa cucaracha ¡Ahh!, con el pánico y la repugnancia que yo les tenía a estos horrendos insectos...
Sin embargo, cuando me dí cuenta, esa cucaracha se parecía a aquel chavalote que le rajé con una mijilla de cuchillito.
De hecho, a aquel bichito tan odiado por mí no lo maté sino que me dio por acariciarlo, y eso fue lo primero pues me remordía tanto la idea que aún pasados tres meses. Ahora me veía obligado a pasar el tiempo con su posible reencarnación. Pero algo normalito, sacarlo a pasear, ir al campo, etc...
-Pero, a fin de cuentas es un horrendo insecto, un bicharraco, no puedo seguir así, debo cambiar, debo...debo ¡matarlo!, sí, creo que será la mejor opción.
Así fue por más que me entristeciese debía hacerlo. Y así lo hice, de un buen pisotón una gran cruz se desvanecía.
Pero ahora lo he matado dos veces...dios, ¡Semos unos monstruos!, ¿ahora qué?¿Homiga?, no, lo mejor sería humano, pero la forma de hacerlo me desagrada bastante, pero no hay otra solución, así que adelante.
Y de un bocado hacia el estómago fue la cucaracha.
16/7/11